Esa tarde coincidimos en la salida de un pequeño pero acogedor bar de exigente coraza, mascullaba monosílabos en el teléfono móvil, respondía –Si, aún- y con un gesto de enfado dibujado vagamente en su rostro hacía notar su desencanto, su mirada perdida en el atardecer se agobiaba al darse cuenta que el día se despidió con prisa, y yo, perpleja, no acababa de entender que le tenía ahí a unos pasos de mi cuerpo, ese que le llamó cada noche en alma y poesía, sollozando y conformándose con las únicas caricias permitidas a un corazón con dueño pero olvidado; las del viento, y si corría con suerte las de unas sábanas dormidas.
Esa Maldita Yo
2 comentarios:
Me da gusto tenerte de regreso.
A mí me da más gusto que aún sigas a mi lado.
Publicar un comentario en la entrada